¡No puedo creer que mi computador recuerde la contraseña de este blog! dos años después tengo un nuevo despecho, que en realidad es uno sólo, siempre ha sido el mismo. La verborragia no aparece por acá, ni en ningún otro lado. Se me van las palabras en el trabajo.
La semana pasada me encontré con el niño-hombre, cada vez menos niño, y no sólo no me saluda, sino que me mira con odio. ¡pobrecito! debe ser horrible no poder superar una ruptura. Qué digo "debe", ¡ES! como si yo no supiera! Releyendo mis historias pasadas, parece como si nada hubiera cambiado. Sigo sola, y el único hombre que me ha gustado de verdad al punto de aterrorizarme, amablemente terminó nuestra relación romántica porque no le funcionaba (la laboral la quiere continuar, y ese es un tema difícil que no entraré a describir por ahora).
Pero entonces los cambios se ven por otro lado. A estas alturas, he decidido quererme. Es una tarea difícil, pero con la ayuda de la meditación y una dieta para recuperar la salud de mi hígado, las cosas empiezan a verse mejor. Y yo también. No es que me viera mal antes. Simplemente no me veía. Las chicas inseguras no se ven. Qué cosa tan difícil eso de la autoestima.
Tengo 34 años y la duda acerca de si tener hijos o no, se está convirtiendo peligrosamente en una decisión involuntaria. Primero, hace falta con quién tenerlos, o como dicen, quién los inspire. Y segundo, hacen falta las ganas, que van ligadas a la ausencia de lo primero. En otras palabras, se hace tarde, y la idea de tener 60 años cuando mis hipotéticos hijos adolezcan me preocupa un poco.
A esta edad una mujer sola es considerada ya una solterona. No sé si pertenecer a la liga de las divorciadas me exima del terrible destierro de la felicidad amorosa. De cualquier modo, existe algo más poderoso que la presión social: las hormonas.
Estas hijas de perra se ponen como locas a mitad de mes y causan unas depresiones neo-menstruales (pre y post) monstruosas. Son ellas, y no yo, las que lloran porque pasó otro mes sin que ningún óvulo fuera ni siquiera avistado por un espermatozoide. Son ellas y no yo, las que se derriten de ternura y envidia ante los bebés bonitos (porque ante los feos, que los hay muchos, la siente alivio soy yo). Son esas malditas perras las que hacen que cualquier pendejo se vea atractivo en ciertos días del mes, y supongo que a mí me tocará soportarlas, hasta que llegue la gran depresión de la menopausia, donde hacen su dramático acto final y desaparecen, para dar lugar al sedoso bigote que adorna las sonrisas tristes de las solteronas, sin hijos, solas y fracasadas en el campo de la vida misma, pero secretamente felices, liberadas por fin de las malditas hormonas.
Yo salí algunas veces con este señor. Él era encantador, ya se sabe, con esa mezcla de alma rota y perversidad juguetona a la que nadie se resiste. Casi nadie, digo. Cuando ya empezaba a ponerse muy cotidiano eso de vernos y de dormir juntos, me dió por preguntarle en broma si acaso tenia novia. ¡Y dijo que si! Salí corriendo, lo más rápido que puede salir corriendo una mujer que se empieza a enamorar de un vecino que la busca todo el tiempo y con el que comparte algunos amigos comunes. Y que tiene novia.
Ella vivía en otra ciudad y sospechaba cosas. Yo ni siquiera sabía que ella existía.
Ahora viven juntos, muy cerca de mi casa. Y nos toca vernos cuando los amigos comunes organizan veladas ineludibles. Y cada vez, ella se emborracha, y me ruega con su voz de niña consentida pequeña que no la odie. ¿por qué habría de odiarla? ¿acaso ella cree que ganó algún premio gordo con ese pedazo de imbécil que se acuesta con sus amigas sin contarles que tiene novia? Ella me abraza, me toca, me habla. me persigue, me habla, y ya no sé cómo decirle que no, que no me interesa su hombre, que es todo suyo, que yo no sabía nada y apenas supe me esfumé, que no la odio y de hecho, por él no siento nada, ni siquiera rencor. Y sobretodo, que no quiero ser su amiga.
Bien escasos que están los buenos amigos como para embarcarme yo en una amistad enfermiza con esta mujer. ¿pero es que está loca?
Pienso que ella quiere estar cerca como quien desea estudiar al enemigo, o algo así. Y no sabe que yo hace tiempos que no lucho en esa guerra, porque de todos modos mi corazón sigue perteneciendo a otro, que no tiene nada que ver con esta historia absurda.
8
jul
08
Autor: verborragia
En:
soledad
Un poco más de un año, a decir verdad, pues ya estamos en Julio, desde la última vez que agité unas pocas letras en esta coctelera. ¡Aún recuerdo la clave! en honor a mi memoria, hago pues esta lista descuidada de las cosas que aún recuerdo:
- La voz de mi padre. Murió hace un montón de años, pero si me concentro en alguna frase típica suya, logro recuperar por segundos el color de su voz en mi memoria. Es súper triste cuando se pierde en el silencio de mi mente.
- La manera dulcísima como me acarició la cara, con el dorso de su mano, y por una sola vez, aquel que después se volvió tan frío.
- Las palabras hirientes que he dicho, sin querer, y las que me han dicho, con crueldad.
- La humillación cuando esa niña mayor se burlaba de mí.
En la lista de cosas olvidadas pondré de primeras la razón por la cual regresé aquí, si ni yo misma me visito.
La buena es que aún existe el intenet y puedo constatar que estoy un poco más sola que alguien o menos pobre que otro, y así me distraigo del verdadero origen de mi pena, sopesando mi miseria con la ajena, como quien siente mezquino alivio en la visión de un cuerpo menos agraciado, una ropa más vieja, un bus más lleno, en fin, acudiendo al consuelo de tontos, ese mal de muchos que consiste en estar como roto y sin esperanza.
Es bastante soportable tener 33 años, que mis amigas tengan hijos, consigan novios nuevos, que me llamen señora en los supermercados así no me sienta tan vieja, y hasta tener que ver a mis ex-novios de vez en cuando con sus nuevas mujeres. Pero ir a una fiesta y que lo que me levante sea otra vieja, ¡eso sí que me deprime!
Lo dijo el escritor peruano Bryce Echenique.
Tengo como 6 blogs, todos activos, menos éste, que es el único blog que escribo de manera anónima. Quizás esto de escribirle algo a nadie, o nada a alguien no es tan apasionante... sigue siendo un misterio esto de los blogs, y aún no quiero renunciar a la tarea de entender algo, así sea manteniendo meta-activo este rincón que, como tantos otros millones de rincones, sólo visita un ser, usted, lector casual, y yo, cada vez que me acuerdo que tengo un blog para decir todo lo que quiero decir de manera anónima.
Hoy, después de muchos días sin saber nada del niño, me llamó porque quería venir a mi casa a recoger algo que había olvidado. No pude negarme y no podía ser más inoportuna su visita, pues llevo días y noches llorando por el fantasma, y mi estado de ánimo no daba para visitas, mucho menos para enfrentarlo a él después de la manera como terminó todo. Amaneció nublado y frío y me dolía la cabeza.
Hacia el medio día llegó. Me puse mi coraza más gruesa y lo escuché hablar acerca de lo bien que le vá y lo feliz y maduro que se siente. Como es usual en él, habló mucho, de sus ideas, anécdotas y logros. Me alegró verlo bien, menos flaco, con un saco y unos zapatos nuevos y hablando con entusiasmo de su trabajo. Poco a poco se fué desvaneciendo el escudo y empecé a escucharlo. Decía cosas bonitas, y como estaba tranquilo, se expresaba bien. Algo en mi mirada debió cambiar porque se puso a llorar, sin querer. Me conmovió mucho. Nos despedimos con un abrazo y yo, despojada ya de toda armadura, descubrí con sorpresa que me sentía feliz de haberlo visto, y de haberlo visto bien.
Su visita me hizo pensar que debajo de las pasiones y caprichos que transforman nuestra percepción de la vida, debajo de los accidentes y las experiencias que nos endurecen, persiste la esencia del ser, que percibo como fundamentalmente buena, que lo único que quiere es ser escuchado, respetado, amado. Sin saberlo, el niño me consoló y por la tarde salió un sol brillante.