"Los hijos separan a los amigos", me dijo este amable señor en la ruidosa fiesta con orquesta de salsa. Nadie parecía tener energía para bailar, aún si nos gustara esa música. En las mesas aledañas personas mayores que todos nosotros bailaban con entusiasmo y una juiciosa dedicación, como si quisieran hacer bien una tarea: divertirse. Entonces el amable señor se puso a hablarme de un amigo suyo, que estaba en la fiesta pero había desaparecido. Me contó que llevaban vidas paralelas, pero que a diferencia de su amigo, él tenía esposa e hijos. Siguió un silencio y luego añadió: "creo que cada uno envidia la vida del otro".
Entonces recordé la última fiesta de cumpleaños de la esposa de un amigo, con tres señoras con bebés y barrigas de 7 meses de embarazo hablando de peridurales y cesáreas, y pensé que, efectivamente, los hijos separan a los amigos, pero que a diferencia de él con el suyo, yo no envidio la vida de mis amigos con hijos.

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